La Recuperación de los terrenos explotados es la última fase del proceso productivo. Todas las actividades de los seres vivos modifican el medio ambiente y la minería, por su propia esencia no es una excepción. Para extraer los recursos naturales de la corteza terrestre es preciso alterarla. Pero esta alteración está, en el caso de la minería, controlada y regulada por una legislación pionera (más antigua que la legislación medioambiental procedente de la transposición de Directivas Europeas) que obliga a:
- disponer de un Proyecto de Restauración de los Terrenos aprobado por la autoridad competente
- a depositar un aval que garantice que ese proyecto se realice
- y en la mayoría de los casos, a superar un procedimiento de Evaluación de Impacto Ambiental
Esto supone la integración del aspecto medioambiental en el proceso minero desde su misma concepción.
A lo largo de las etapas de la actividad y al finalizar esta, el objetivo es reacondicionar los terrenos de acuerdo con unas directrices de calidad medioambiental para devolver el área a su entorno.