Lo Morisco
A medida que avanzan las tropas conquistadoras cristianas Trinitarias, la población colonizada, mayoritariamente musulmana, es consentida su permanencia en leyes, religión y cultura, en principio.
Se trata del grupo social conocido como Mudéjar, palabra que deriva del árabe Mudajjan (Tributarios).
En los siglos del esplendor mudéjar (XII al XIV), su situación era bastante tolerable, pero esa situación va a cambiar bien pronto, a la caída de Granada en 1492 (Triste fecha para cualquier español nativo).
Dos personalidades entran aquí en juego D. Iñigo López de Mendoza Conde de Tendilla y Primer Alcalde y Capitán General de Granada y D. Fray Hernando de Talavera como Arzobispo Trinitario, personalidades que intentaron frenar a la barbarie fanática de aquel modelo de cristianismo, efectuada en la figura de Fray Francisco Jiménez de Cisneros, que pasó por alto el Acta de la Capitulación de Granada, firmada por los Reyes Católicos el 25 de noviembre de 1491 que garantizaba para dicho reino conquistado, una minoría mudéjar estable, y muy semejante a las que ya había en otros territorios conquistados como en Castilla y Aragón.
Pero Cisneros, al ocupar la sede primada de Toledo en 1498, propugna el abandono de la política precedente y desencadena a partir del 1499 una acción fanática y cruel con el objetivo de conseguir conversiones. Su sistema fue tal que consiguió la sublevación de los mudéjares en el Albaicín y las Alpujarras, reprimidas por el uso de una fuerza desmedida en 1501 y dando aun mas poder a ese siniestro personaje (Cardenal Cisneros), protestando por ello D. Diego Hurtado de Mendoza, hijo del Alcalde y Conde de Tendilla, con estas significativas palabras:
“”Gobernábase la ciudad y reino como entre pobladores y compañeros, con una forma de justicia arbitraria, unidos los pensamientos, las resoluciones encaminadas en común al bien público””
Francisco Núñez Muley (morisco granadino) y paje de Fray Hernando de Talavera, escribió un poco antes de la sublevación lo siguiente:
“”La conversión de los Naturales de este reyno fue por la fuerza y contra lo capitulado por los Reyes Católicos””
Otro morisco, amigo de este paje, Yuçé Benegas, se lamentaba de esta forma:
“”L tengo par mi que nadi lloró con tanta desventura como los hijos de Granada. No dubdes mi dicho por ser yo uno d-ellos y ser testigo de vista, que vi por mis ojos descarnecidas todas las nobles damas, ansí viwdas como casadas, i vi vender en pública almoneda mas de trescientas doncellas…….Yo no lloro lo pasado, pues a ello no ay retornada, pero lloro lo que tú verás, si as vida i atendes en esta tierra i en esta isla de España…..Y todo será crudeza y-amargura para quien abra sentido. L lo que mas duele, ¿Qué serán los muslines a par de cristianos, que no reusarán sus trajes ni escivarán sus manjares?....Si el rey de la conquista no guarda fidelidad, ¿Qué aguardaremos de sus sucesores?.........
Los moriscos (Mudéjares), fueron perseguidos, torturados, esclavizados etc. Pero lo que nunca se ha dicho, es que estos moriscos eran los españoles nativos, los auténticos españoles, y que los ejércitos colonizadores eran godos alemanes, al mando de una chusma organizada, para la erradicación, simplemente, de una idea religiosa, el Islam, todo mandado desde el Vaticano, y ciertos reinos españoles del norte, y franceses, en ellos, también había algunos españoles.
Para no dejar a las regiones vacías de mano de obra, se efectuó un paripé de exilio, muy parcial, se calcula que la expulsión acogió a un veinte por ciento como máximo de aquella población nativa. El resto que se quedó (la gran mayoría), se les obligó a renunciar de su fe Unitaria a favor de la Trinitaria.
A pesar de la mala fe de los cristianos conquistadores, los moriscos al ser mas cultos, no pudieron ser despreciados en sus ciencias, siendo indispensables hasta para aquella nueva sociedad de barbarie.
Así tenemos al Maestro Mohamet el Xartosí de Guadalajara, físico del almirante Diego Hurtado de Mendoza, que también fue poeta.
El médico Jerónimo Pachet de Gandia, que curó a Felipe III cuando niño, de una enfermedad que no podían curar los médicos cristianos.
Pinderete de Valencia, también médico.
Román Ramírez, también médico morisco y nieto de Juan de Luna.
Miguel Jerónimo Tana de Gandía, Gaspar Caudal, morisco de Buñol, Francisco de Córdova, Dr. Calabera. Todos médicos famosos y buenos musulmanes, aunque al final, la mayoría son vilmente asesinados por la Inquisición.
Aun en el siglo XVI pervivía en Granada un grupo selecto e ilustrado morisco, entre los que se encontraban Miguel Luna y Alonso del Castillo, este ultimo médico también y escritor de árabe.
En Cuenca, también en el XVI se encuentran gran cantidad de moriscos muy cultos, comprobando los cristianos que en ellos se encontraban menos analfabetos que entre los propios cristianos, y eso parecía ser cosa general también en otros sitios hispanos.
Durante los siglos XV al XVII, los moriscos aun siguen enriqueciendo con “cultura” a España, generalmente del tipo religiosa o libros novelas de historias y aventuras, escondiendo en ella ideas como la sufís y otras orientalistas o islámicas (Y participando de los movimientos politico filosoficos como Los Alumbrados, etc.).
Y, desde fuera, algunos españoles exilados, como el Maestro Juan Alfonso exclamaba:
“Cuerbo maldito español
Pestífero canzerbero
Qu´estás con tus tres cabezas
A la puerta del ynfierno.
Otro morisco decía:
Razón duerme,
Traición bela,
Justicia falta,
Malizia reina.
Los españoles musulmanes, nunca dejaron de serlo y aun hoy en día, existen muchos moriscos y muchos que descubren su pasado que hasta ahora ignoraban, pero si intuían.
A pesar del silencio, de la ignominia y del intento de acallar aquella voz hacia a Al Lah, muchos españoles y murcianos descubren en el fondo de sus corazones, que su rechazo hacia un cristianismo impuesto, pasó por las etapas nunca comprendidas, de supuesta rebeldía juvenil, a la búsqueda de una entidad intuida y perdida.
Un interés por lo oriental y lo árabe, un rechazo casi visceral, a las ultimas noticias condicionadas, como siempre, hacia un supuesto terrorismo islámico y otras aberraciones.
Algo en el fondo nos dice que ¡No!, pero no podemos hacer nada. Hasta que nos interesa el origen de nuestras familias, nuestros apellidos, nuestras costumbres enquistadas, no precisamente castellanas ni cristianas, y, es que, algo quedó.
Y. empezamos a descubrirnos, y volvemos a ver la Luz.
¿Qué menos que despedirme, con este comentario de un insigne musulmán como Blas Infante, ya en pleno siglo XX?:
“Los andalusíes (tambien murcianos) queremos volver a ser lo que fuimos, hombres y mujeres de Luz que a los hombres alma de hombres les dimos””
(fue asesinado)